Los cuernos al sol



- Tiene la palabra, señor representante.

- Lo que sucede, señor presidente, es que resulta inaceptable, desde todo punto de vista, que el honorable representante de la bancada oficialista, pretenda hoy, a título gracioso y sin beneficio de inventario, levantar falsos testimonios en contra de este sencillo pero comprometido colega de cámara, por el único pecado de estar en desacuerdo con su modo, por lo demás de conocimiento público, de actuar fuera de los límites que aconsejan la sana moral y la práctica legítima de la participación política, por mandato de los electores que, atrincherados en los más recónditos y olvidados rincones del territorio patrio, me han confiado sus expectativas y sus angustias cotidianas para que yo, desde esta curul que ocupo con humildad pero con altura, luche hasta encontrar las soluciones por tanto tiempo preteridas de manera infame por los gobiernos de turno.

No sin antes reiterar, vuelvo y repito, mi compromiso con la verdad y con la rectitud, seré en esta ocasión honesto y diré, sin tapujos ni cortapisas, lo que pienso y lo que siento, máxime que esto cause resquemores y exabruptos, especialmente entre aquellos a quienes la verdad les desnudará y quedarán, con el perdón de la sala por lo elemental de la expresión, como zapato de payaso frente al país.

El caso es que, y usted sabrá entender que este es un tema que me resulta difícil de tocar puesto que involucra, más allá del comportamiento de algunos de nuestros colegas, la honra y el buen nombre de otras personas que, si bien tienen su participación en el ilícito y, por tanto, su parte de culpa, no es menos cierto que han actuado impelidas  o bien por las malas artes de la seducción de sus hechores, aconsejadas por la incontenible vorágine de la lujuria o incluso iluminadas por los destellos ciegos del amor.

-       Concrete, señor representante, concrete.

-Lo hago de inmediato, señor presidente;  pero para ello es preciso remitirme a la propia etimología de un término que será de particular relevancia en  este alegato, y comprenderlo cabalmente contribuirá al más eficiente aprovechamiento de mi argumentación; por eso le pido, señor presidente, que disponga que por secretaría se de lectura, en el diccionario de la real academia de la lengua española, a la definición que hace de la palabra cuerno.

-       Proceda señor secretario


- Cuerno: (Del lat. cornu). 

1. m. Prolongación ósea cubierta por una capa epidérmica o por una vaina dura y consistente, que tienen algunos animales en la región frontal.

2. m. Protuberancia dura y puntiaguda que el rinoceronte tiene sobre la mandíbula superior.

3. m. antena ( de los animales articulados).

4. m. Instrumento musical de viento, de forma corva, generalmente de cuerno, que tiene el sonido como de trompa.

5. m. Materia que forma la capa exterior de las astas de las reses vacunas y que se emplea en la industria para hacer diversos objetos.

6. m. En algunas cosas, lado derecho o izquierdo.

7. m. Ala de un ejército o de una escuadra.

8. m. Cada una de las dos puntas que se ven en la Luna en cuarto creciente y cuarto menguante.

9. m. irón. Infidelidad matrimonial. U. m. en pl. Sufrir el cuerno. Llevar los cuernos. Poner los cuernos.

10. m. ant. Cada uno de los botoncillos que ponían al remate de la varilla en que se arrollaba el libro o volumen de los antiguos.

11. m. pl. Extremidades de algunas cosas que rematan en punta y tienen alguna semejanza con los cuernos.

 

-       Es todo, señor presidente.

-       Continúe, señor representante, pero por favor concrete su intervención

-    Como ustedes han podido comprobar, que existe al menos una oncena de acepciones que nuestra riquísima lengua española da al sustantivo cuerno y, por ende, a su plural, cuernos; podré entonces, y transido por el punzante dolor que causa el develar entuertos que, no por ocultos dejan de ser dramáticos, incluso onerosos, en el sentido de molesto, por verme impelido a poner en la balanza de la duda la reputación, no solo de uno de los honorables aquí presentes, sino además la de su distinguida consorte, quien ahora, más que nunca, merecerá ese término, en tanto supongo que hecha justicia luego del reclamo que aquí presento, correrá la misma suerte de su salaz marido, una vez que de modo irrefragable demuestre que los ilícitos que reclamo, no solo atentan contra la ley y la justicia, sino y sobre todo, contra el pudor y las buenas costumbres.

-       Le quedan dos minutos, Señor Representante, concrete su punto.

-       Voy al punto, Señor Presidente;  y utilizo el término punto en el sentido culinario del mismo, es decir, y otra vez citando, aunque de memoria esta vez en beneficio del tiempo de todos,  el diccionario de nuestra egregia lengua madre, entendido decía el punto  como el “Estado perfecto que llega a tomar un alimento al cocinarlo, condimentarlo o prepararlo”… y es que aquí, señor presidente, señores representantes, se ha estado cocinando algo que, hace rato, llegó a dar el punto en que es imposible evitar su ebullición y su consecuente derramamiento aparatoso y grotesco que acabará ensuciándolo todo y dejando el incómodo olor de lo innombrable, aromando con su efluvio putrefacto los más intrincados rincones de nuestra augusta institución.

-       Le quedan treinta segundos, Señor Representante.

-       Concluyo, señor presidente, denunciando aquí, de modo claro y contundente, sin rodeos y sin temor a las retaliaciones que sin duda seguirán a mi denuncia, pero convencido de que el deber de la verdad es más alto que el recato y la discreción que uno debe, particularmente frente a los asuntos que significan afrentas para los colegas de cámara y aun a riesgo de ser estigmatizado como el correveidile de nuestra organización, cosa que no se compadece con la verdad, puesto que el único afán que me anima es provocar una reflexión profunda que permita corregir los errores del pasado para, ungidos con el santo óleo de la confianza depositada mayoritariamente por nuestro pueblo, otear en el horizonte un futuro de progreso, de libertad y de oportunidades para todos; porque para eso estamos en esta atalaya, desde la que ahora me permito estas palabras que serán, como sacarnos los cuernos al sol, mi denuncia, señor presidente…

-       Se terminó su tiempo señor representante.  Su micrófono ha sido apagado. 

Se levanta la sesión, quedan todos convocados para el próximo lunes, a la misma hora de costumbre,  para tratar el siguiente punto del orden del día.  Buenas tardes.

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