Ir al contenido principal

¡Tengo una idea!

¡TENGO UNA IDEA!

Suele suceder con cierta frecuencia.  Si estamos atentos (con los oídos observadores digamos) mientras nuestros niños juegan, el rato menos pensado alguno dice a los demás: ¡tengo una idea!   
Ahí arranca una nueva etapa del juego; el que tiene la idea, la cuenta con entusiasmo, propone a los demás asumir roles, actuar, imaginar, soñar, recrear el mundo. El juego solo termina cuando se agota el argumento, o cuando otro de los jugadores tiene otra idea que les seduce más. 
Y así, pobres de nosotros, parecería ser que esas niñas y esos pequeños se apropiaron de todas las ideas, su creatividad no tiene fin, mientras nosotros seguimos pasmados, sin saber qué hacer ante tanto ingenio.   Y nos preguntamos (¿nos preguntamos?) si nosotros éramos así.   Y, si lo éramos, cuándo dejamos de ser de esa forma, de jugar, de tener ideas.  
A veces pasa que nos empieza a aparecer una respuesta a esa pregunta, pero es tan sórdida que preferimos acallarla, no dejar que se presente, a veces comprendemos que fue en la escuela cuando por primera vez, al decir que tenemos una idea distinta a la que ya estaba oficialmente aceptada, nos mandaron a callar.

Comentarios

Entradas populares de este blog

Basta amar a Marta para abrazar la fama

De otra constelación 'elemental'