Tras la cortina

Un día, seguramente luminoso, seguramente azul, se abrirá despacio la cortina y entonces, ante los ojos abismados de la gente, se descubrirá el circo.
Presurosos, hormigas inspiradas por la música y la pasión, unos seres anónimos forman caminos de cables. Por allí, más tarde, el jazz devendrá cascada, luz, poder; será lazo de möebius, infinitamente repetido
infinitamenterepetidoinfinitamenterepetidoinfinitamente repetidoinfinitamenterepetido…infinita – mente.
En un crisol de imaginarios encuentros, se funde heterogénea la mezcla de ritmos, de sonidos, de destellos, de deslumbramientos; es el jazz que, conducido y estirado desde una cuerda, un trozo de piel o la extensa dentadura de un piano; se despereza, se apresura, se esconde; se encuentra en un espejo, se refleja, se relaja, se jalona, se jalea, se aleja.
Ellos lo perseguirán tras bastidores, no le dejarán perderse, lo pondrán en una caja, lo transportarán a otros festivales, a otras tierras, a otros performances. Ellos, tras las cortinas, sabrán donde se durmió ese acorde que quedó flotando la otra noche, y sabrán también en qué punto exacto se produce el encuentro entre el más verde kilovatio y el pedal alargador de esa guitarra midi. Ellos, atrás del jazz; atrás de la luz; atrás del ritmo. Ellos atrás saben la frecuencia del bajo más profundo o la alegría multiplicada del confeti a la hora del final.
Para ellos este jazz, tras la cortina. Nunca verás sus rostros. Pero estarán tocándote en cada nota de este concierto, de otros conciertos, de cada concierto.
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