Frío


Llueve sobre Quito con una pereza de hielo
Un ruido de vidrio cae gota tras otra sobre el insomnio.
Parecería ser que nunca  más la niebla dejará su lugar a las luminosas efervescencias azules del cielo quiteño.
Hace una semana que no vemos un rayo de sol.  El frío se busca resquicios entre los ladrillos, las piedras, las maderas, para meterse en la casa de la gente y congelar las vidas.
En las puntas de los dedos, agujas bajo cero se clavan con cada respiro.
Es el aire un cauterio de nitrógeno líquido.
Detenido, el vuelo de los pájaros es una pausa de silencio.



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