Felicidad virtual

Roque Iturralde

Solíamos presumir de familia grande, muy grande.  De nuestras reuniones que superaban a momentos las setenta persona.  Padres (aún vivían), docena de hijos, hijos políticos, nietos, nietos políticos, biznietos.  Solíamos reunirnos a ser frenéticamente hermanos.  Un poco caóticamente, cada uno con ganas de contar o de cantar su propia historia; unos con afán de organizar a los demás, otros con la consigna de desorganizarlos, nuestras reuniones eran un arrebato que se matizaba con pristiño, con helado de limón, con lasagna, según la fecha, según el ánimo.

Pero, como diría Mafalda, si fuese una nativa digital, antes éramos una familia grande; hoy tenemos whatsapp.

La verdad es que hace rato nuestras reuniones decaen, tanto en frecuencia (ya se habían reducido a un encuentro navideño dificultosamente organizado), como en euforia. 

Este año, a falta de que alguien (todos) tome la iniciativa, llame a los otros, se cargue con la responsabilidad de promover el encuentro, casi seguramente de recoger unas cuotas difíciles de recoger, elegir un menú que cada vez exige más adaptaciones a los gustos, las filosofías o los organismos de los otros, este año no nos reunimos.   

A pesar de parecerme el casi lógico desenlace de una larga decadencia que nos ha concentrado a todos en la tarea de la diaria supervivencia; algo me quedó, algo como un hueco, en el pecho. 

Pero, ventajosamente, casi todos tenemos un teléfono inteligente, o una cuenta de Facebook; algunos incluso son buenos usuarios de tweeter, instagram o alguna otra de esas maravillas de la tecnología que han aprendido a compensarnos de las ausencias, a evitarnos las presencias.

Recibí algunos whattsapp de mis algunos de mis hermanos manifestando su deseo que de que estas fueran unas felices fiestas.  Me alegré, en el fondo.  Alguna de mis hermanas subió unos videos prefabricados, hechos para que, por un instante, se nos pinte una sonrisa o se nos escape una lágrima.  También me alegré por ello.  Me alegré aún más, cuando vi que se ha creado una cuenta compartida de la familia, en la que estamos inscritos todos los que hemos accedido a la tecnología y entonces pensé; qué bien, felices whatssapvidades para todos  ¡ya no estamos solos!


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