A ver si el año nuevo se decide y de una nos abre los ojos y nos ayuda a ver en el horizonte un mundo mejor. Solidario, responsable, equitativo, entretenido, creativo.
Al llamar, “ Talán, Talán ” la campana; Adán, Amanda , Ana, Galán, Alan , Carla (la maja), Paz, Sadán saldrán a cazar gamas. Acabarán hasta las mansas cabras. Las matarán. Más allá, pasará la calzada la gran dama. Avanzará tras la alta casa. Bajará la palanca. Tapará la lavacara , hará vanas llamadas hasta alzar la palabra, nada hará para alabar las hazañas. Acabará a rastras. Dará vanas patadas a las ranas ajadas. Lanzará flamas . Las apagará. ¡Caramba! acatará las alabanzas, captará arañas para atrapar las malas mañas: bajar las bragas, fajar las nanas . Amparará la brasa, cantará, marcará la aldaba. Abarcará la plana. Atacará la campaña. Atrapará la sábana habana. Masacrará a la rata. Ladrará. Clavará la daga hasta la barba calva. Sacará la plata para aplastar la manada. Mandará lanzar granadas hasta dañar las cajas. Aplastar a las más bajas. ¡Vaya...
¡TENGO UNA IDEA! Publicado por Edupasión en La Voz de Edupasión el 20/06/2019 en la página www.edupasión.ec Roque Iturralde – Para Edupasión Suele suceder con cierta frecuencia. Si estamos atentos (con los oídos observadores digamos) mientras nuestros niños juegan, el rato menos pensado alguno dice a los demás: ¡tengo una idea! Ahí arranca una nueva etapa del juego; el que tiene la idea, la cuenta con entusiasmo, propone a los demás asumir roles, actuar, imaginar, soñar, recrear el mundo. El juego solo termina cuando se agota el argumento, o cuando otro de los jugadores tiene otra idea que les seduce más. Y así, pobres de nosotros, parecería ser que esas niñas y esos pequeños se apropiaron de todas las ideas, su creatividad no tiene fin, mientras nosotros seguimos pasmados, sin saber qué hacer ante tanto ingenio. Y nos preguntamos (¿nos preguntamos?) si nosotros éramos así. ...
Roque Iturralde Aprendí en el camino el oficio de desespejador, lo hice seguramente durante un viaje de esos en los que nadie sabe si la cometa arrastra al cordel, o el ovillo gobierna ese vuelo de papel, sigse y asombro. Me hice desespejador porque me dolía ver que la gente, al mirarse en los espejos, jamás estaba conforme. Unos se veían gordos, otros viejos, otros tristes, otros grandes, otros simplemente extraños. Entonces fue que elegí mi carrera de desespejador: oficio que consiste en lograr, mediante una mezcla que aún guardo en secreto, que el azogue aplicado a los cristales fuera siempre capaz de devolver a quien se mirara en ellos una felicidad radiante; una imagen reparadora, una ilusión plausible. Para ello era clave el proceso de deconstrucción del azogue y, por tanto, de la imagen. Cada vez que construí y terminé un desespejo me miré en él largamente, y solo cuando estuve totalmente seguro de que jamás devolvería una imagen dolorosa, entonces se lo llevé a su...
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