LA PUERTA DEL MAESTRO Y EL ROQUE

Juan Samaniego


El roque me hizo una puerta. Nadie se ha cansado de contemplarla, extasiado. Unos más otros menos, no han parado en decir que la puerta del roque es pero mucho más que hermosa.

 

El roque no sabe que algún extasiado, luego de la catarsis, preguntó a todos que si la puerta es del roque o del maestro.  Es decir,  que si la puerta la hizo solo el roque, o solo el maestro o el maestro y el roque o el roque y el maestro. Algo así como, ¿De quién es esa puerta?

 

Y de pronto nos atrapamos en esos vuelos de ideas con palabras suaves, y surgieron preguntas, dudas, pistas alrededor de la puerta. ¿El roque la creó y el maestro también pero menos, o nada, o mucho más? O sea que el roque no es nada sin el maestro y el maestro ni hablar sin el roque?

 

Por eso yo creo que hay que decir que la puerta es del maestro y del roque.  No importa el orden. Si quieren, del roque y el maestro.  Me encargaré de decirle a otro amigo que vea la puerta y entre en éxtasis, que la puerta es del maestro y del roque.  Así, él podrá decidir libremente si el orden importa. Si quiere, mi amigo podrá pensar que la puerta es del roque y poco menos del maestro. O también que la puerta es del maestro con las ideas del roque. Y por último podrá decidir que es solo de uno de ellos o también de los dos.

 

Te vuelvo a contar, Roque, realmente lo que hablamos el otro día con unos amigos sobre tu puerta, ¡Salvaje! Y es que la puerta es hermosa solo cuando se habla de ella, no antes… pero también.

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