Entradas

Mostrando entradas de diciembre, 2015

Tocado por la ternura (o cómo suenan las sonrisas)

Imagen
En el Teatro Sucre de Quito se presentó la orquesta infanto juvenil de Esmeraldas, dentro del movimiento Sinfonía por la Vida, que tiene el respaldo de Diners Club. Gestión convenció al autor de este comentario a que lo ceda para publicarlo. Por Roque Iturralde No puedo dejar de pensar que llegaron ayer a Quito, muchos de ellos por primera vez, a conocer la “gran ciudad”, la capital.   Que por primera vez se alojan en un hotel, que por primera vez reciben atenciones y cortesías especiales, que les cae por vez primera una lluvia tan fría y tan profunda como la de nuestra ciudad. Suena la Orquesta de Sinfonía por la Vida, de Esmeraldas, y más que oír me dedico por un largo rato a mirar cómo este grupo de niñas, niños y jóvenes tocan sus instrumentos, es decir, cómo los tocan, los palpan, los acarician. Siento que cada uno de los integrantes de la orquesta de cuerdas, que es la primera en salir al escenario y tocar con una dulce energía la Obertura de la Cavalle...

De otra constelación 'elemental'

El dálmata incendia el sol después de una ducha de hidrógeno, movimiento y reposo tras una sopa salada y suave, en el calor del bigbang . Su cuerpo grandote, fresco, lleno del color del fuego, siente miedo, humo, muerte, caos… El respeto es una escalera, una conexión de hielo, un flujo   rojo de alegría, fluctuación, reflejo y fotosíntesis. Es brillante, estrella que te quema, como idea de rayos desolados. Coloco el bloqueador grandote al esternocleidomastoideo y la fluctuación del solsticio echa un humo de muerte. El crepitar de la emergencia pide socorro al maíz en el amanecer. La gota es una emoción transparente, liquida, seca, suave da miedo. La sirena de la pasión es lluvia en la luz. Desolado, tomo una botella de   vitamina D. Yaku, el héroe dios bombero, tiene sed; un gato en el árbol es fuerza, como cenizas de un dálmata. Salada fotosíntesis la vida. ...

No me culpes (canción sin música)

Roque Iturralde No me culpes, amor, de los fracasos cúlpame si quieres de los besos que te di cúlpame de la pasión que siento por tu abrazo de las canciones y los versos que escribí no me culpes esta vez por los ocasos que inundaron de luz nuestras miradas cúlpame por mirarlo en tus ojazos por soñar, por acudir a tu llamada no me culpes, por las lágrimas perdidas en el silencio cruel de la nostalgia cúlpame, si quieres, por la vida que está viva más allá de la distancia                       y vuelve a volar por el recuerdo           besando otra vez, en la memoria,           las noches en que escribimos esos versos           con los que armamos nuestra historia y húndete en el fondo de mi abrazo sin calcular mi forma de quererte recógeme otra vez en tu regazo sin abandonar los besos a la ...

Felicidad virtual

Roque Iturralde Solíamos presumir de familia grande, muy grande.   De nuestras reuniones que superaban a momentos las setenta persona.   Padres (aún vivían), docena de hijos, hijos políticos, nietos, nietos políticos, biznietos.   Solíamos reunirnos a ser frenéticamente hermanos.   Un poco caóticamente, cada uno con ganas de contar o de cantar su propia historia; unos con afán de organizar a los demás, otros con la consigna de desorganizarlos, nuestras reuniones eran un arrebato que se matizaba con pristiño, con helado de limón, con lasagna, según la fecha, según el ánimo. Pero, como diría Mafalda, si fuese una nativa digital, antes éramos una familia grande; hoy tenemos whatsapp. La verdad es que hace rato nuestras reuniones decaen, tanto en frecuencia (ya se habían reducido a un encuentro navideño dificultosamente organizado), como en euforia.   Este año, a falta de que alguien (todos) tome la iniciativa, llame a los otros, se cargue con la re...