De profundis
Por Roque Iturralde Fue una sensación curiosa. Cuando, a la madrugada, desperté urgido por las micciones imperativas, clásicas de mi edad, me di cuenta de que había estado sumergido en unas profundidades más antiguas, más densas y más desconocidas que las del sueño. Supe que en esas profundidades abisales habitan los seres de la memoria. Aquellos muertos a los que quisiste y aquellos a los que quisiste muertos se mueven sin gravedad, sin angustia, sin miedo, en una oscuridad en la que todo es visible, pero sin sombras ni contrastes. Allí encontré a mis padres en un viaje plácido hacia un horizonte que se adivinaba en sus miradas. No me vieron. Allí mi abuelo, músico romántico y oficioso grabador, ponía a girar un trompo mientras me disparaba esa sonrisa cómplice que tanto amé, amparada bajo su sombrero de ala cordobesa. Allí mi suegro, pasaba con su bondad intacta de un lado a otro, como un viejo n...