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Mostrando entradas de 2011

ESE ARBOL

Mi hija me pide (ya tiempo atrás) que suba al blog este poema (en tres partes) escrito cuando la memoria de mis padres, partidos hace unos años, ya no era contenible. Ese árbol - ella por qué no pude más que contener tus huesos ya sin vigor, ya sin sonrisas, ya sin flores de papel ya sin asombros solo me quedó una canción entre las lágrimas dispuesta a regar tus versos, tus bellas ojeras profundas tus deslumbramientos cotidianos no sé si te llevaste al fondo ese poema que escribí para ti la misma noche que llenamos de geranios clandestinos los sueños de ambos no se por qué no he vuelto a ese árbol que florecía nietos y bisnietos mientras te encontrábamos un lugar en sus raíces vuelvo a ti, sin embargo, en mis dolores en mis sueños imposibles en el juguete que aún no armo en la cometa que temo echar al viento vuelvo a ti, robadora de geranios a besarte en la tierra que yo mismo puse sobre la ceniza de tu hi...

El dedo en La Mancha. La Mancha en el dedo

Por Roque Iturralde En la bóveda de la capilla Sixtina, Michelángelo Buonarrotti pinta el cuadro de la creación. Luego de haber armado el complejísimo tinglado de la vida en el universo entero, justo allí donde no había luz tan solo siete días antes, dios acerca su dedo poderoso y divino, para casi tocar el dedo de su más reciente, novedosa y compleja creación: Adán. El hombre. El Ser Humano. A su imagen y semejanza. Con este gesto del dedo, dios no solamente infunde vida a Adán, sino que le acerca un atisbo de divinidad y le deja asomarse a un resquicio que le autorizará, le obligará en el futuro infinito, a creerse por momentos tan dios como dios, escribir sus nombres y apellidos con mayúscula, soñar que puede dominar el mundo y sus criaturas. Sobre un fondo amarillo, la portada del libro CAÍN, del portugués universal José Saramago, muestra un detalle de la mano y el dedo de dios, pero esta vez señalando sin tocarla una mancha negra, vagamente precisa, i...