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Mostrando entradas de junio, 2010

Gigante de metal

A la   hora de bruñir nuestros metales Te hiciste aire gigante de sabores transparentes de nostalgias sólidas de colores añejos Ola lista a   reventar, estampida de espuma A la hora del naufragio estabas, clandestina, Recorriendo los viejos interiores de un dolor sin marca Sin precio Sin código de barras A la hora de reventar. estampida de aire en el naufragio interior de un viejo precio dolor bruñido de metales transparentes, te hiciste, clandestina una vez más, gigante.

Besos Oxidados

Aún entre mis uñas el aceite con el que intentamos quitar el verdín de viejos besos oxidados versos olvidados universos doblados Con   la intimidad desvencijada, viajo en el revoltijo cardenillo de una noche sin sentencia mientras el árbol de mi calle duerme aterido viento que le pega, me pega, en cada vena, en cada hoja, en cada ojo, en cada ajo. Ya cesarán los profetas Los amuletos Los acertijos Los conjuros y los maleficios Ya encontrarás Entre los salvoconductos de esta oscuridad visible El sitio aquél en que la sombra resplandece con tu paso.

Paisaje de insomnio

Se me figuran dieciocho cuerpos cayendo en el vacío Sus nalgas vegetales suspendidas en el redondo instante de un suspiro Sus brazos anhelantes, extensos, estirados, apenas resbalados de la mano de su dios de niebla Barro sus miradas suplicantes Dolor su sexo remolinando en la caída De lanzas están hechas las ramas de sus cedros La lluvia no les toca, no les moja, no les ilumina De su peine de azúcar se desprenden los pelos de un tango malhadado Y en sus barrigas, vertiginoso revoltijo, se desangran centrífugos dolores de otros vientos.