Tragedia, fiesta y catarsis
Hermosa y controversial a la vez, “violenta y tierna” (como dice una canción), la fiesta de toros genera cada día más discusión y polémica, a medida que nuestras sociedades se internan en la cultura light de la nueva era, a medida que los intelectuales hablan en los foros académicos sobre la posmodernidad, que los medios de comunicación reemplazan progresivamente las ágoras donde se discutía la filosofía por capítulos renovados de Los Simpson y el Internet permite que niños de Argentina y de la India, o de Sarajevo, se maten en los juegos en red, sin mirarse a los ojos, y sin saber quién está del otro lado de la línea. Es inexplicable el encanto de la fiesta brava porque no es racional, porque no responde a silogismos o números. Tiene algo de atávico, pues nos remite a la emoción más primaria; el miedo y al enemigo más esencial; la muerte. Sí, porque en la plaza circula el miedo; miedo del torero, quien sabe que la única forma de salir ileso del embate de esas dos muertes afiladas...